23 de mayo de 2011

La Democracia Real. ¿Qué hace falta para que sea posible?


Antes de responder semejante pregunta compleja es importante definir el concepto democracia. Si nos atenemos a nuestra forma de vida, debemos preguntarnos si en todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad nos regimos por decisiones aceptadas mayoritariamente, consensuadas y debatidas con argumentos a favor y en contra.
La democracia, como forma de vida, es una manera de organizar nuestras relaciones humanas donde todos comprendemos lo valioso de cada opinión, por más errada que esté, y propiciamos un entendimiento sobre la base del consenso. Hay sociedades que pueden lograr ese mecanismo de forma natural gracias a la práctica contínua por parte de generaciones completas a lo largo de un periodo inespecífico de tiempo.
Alexis de Tocqueville publicaba en el año 1835 la primera parte de "De la democracia en América"; allí describe cómo el movimiento democrático de los norteamericanos sentaba las bases para su organización política y la creación de las instituciones políticas que se extendieron luego por todo Occidente. En la segunda parte, publicada en 1940, se concentra en ambos procesos, tanto el movimiento democrático como las instituciones políticas para entender los peligros que acarreaba la democracia para sí y en sí misma.
Así como De Tocqueville entendía que la democracia era una forma de vida para los norteamericanos y que sus instituciones políticas eran una consecuencias de su forma de actuar en lo cotidiano, identificaba un gran peligro intrínseco en la forma política: el despotismo light. Este despotismo edulcorado era sinónimo de la tiranía de las mayorías o despotismo popular, advertencia que ya había predicho el inmenso Immanuel Kant:
"La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad." 
Asimismo, De Tocqueville vaticina que la violencia partidista era una consecuencia de la lucha por el poder en democracia y que existía una posible y hasta inevitable subordinación de los más preparados a los condicionamientos y prejuicios de los iletrados o ignorantes. Asombrosamente continuaba en sus admoniciones para con el peligro que encierra la democracia, advirtiendo el cercenamiento de libertades vitales, como la libertad intelectual, serían posibles si la facción que administrase el poder así lo quisiese. Además veía posible y hasta natural una degradación progresiva de la administración pública, la incapacidad de una equilibrada provisión de educación, acercamiento a la cultura o la asistencia social.
Cabe preguntarnos por qué el autor veía con tanta preocupación esa posibilidad. La realidad de tales manifestaciones puede verse en el análisis de la evolución de las sociedades de base democrática que hoy existen en el mundo occidental.
Si la democracia en América se sostenía sobre la base del control comunal, la participación ciudadana y una accountability horizontal  (léase control de gobierno horizontal por medio de mecanismos republicanos), además de una indispensable separación entre la Iglesia y el Estado -es decir, el triunfo del Estado laico para beneficio de todos los habitantes de una nación con diversidad cultural y libertad de culto-, cuando la democracia fuera perdiendo estos condimentos, necesariamente sería reemplazada por una minoría acostumbrada a manejar el poder y avanzar sobre las libertades y opiniones del resto de la ciudadanía, imponiendo un "relato", una visión, una sola vía de acción fuera del consenso y el debate político.
Tanto De Tocqueville como Kant entendían que lo opuesto al despotismo era la República, donde la división de poderes, tal como la definía Montesquieu en su frase: "Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder", era la base para la contención de cualquier desborde de poder por parte de una persona o un grupo faccioso.

Sobre la Democracia Real
Los sucesos de la Puerta del Sol están provocando una revolución de la conciencia que puede ser canalizada de forma positiva si se atienden las cuestiones estructurales subyacentes al momento histórico. Es innegable que plantear una democracia real no es abogar por la democracia directa que practicaban los atenienses del siglo VI A.C. sino perfeccionar la democracia representativa que se practica actualmente en los países soberanos que no están bajo el yugo de las tiranías personalistas.
La clave está en el control y selección de nuestros representantes. Aquellos hombres y mujeres que deben velar por los intereses del Estado-Nación en clave universal, es decir, sin dejar de entender que la globalización nos ha puesto en sincronía mundial para todos los procesos y que es responsabilidad de todos los pueblos del mundo tener una agenda común para debatir los temas que interesan a la humanidad toda.
Es por ello que el camino hacia una democracia real se sustenta sobre la base de la educación cívica, el control (tanto ciudadano como horizontal, es decir accountability) y la propiciación de debates políticos en la mayor cantidad de lugares públicos y privados posibles con el objeto de entusiasmar a una mayor cantidad de ciudadanos, quienes deberán comprender que la democracia es garante de las libertades individuales y grupales, vehículo para lograr la igualdad de posibilidades y un progreso sostenido sobre la base de una justicia para todos.

Pablo Olivera Da Silva
Coordinador Responsable
Centro de Formación Cívica "Educando al Soberano"
Grupo Padrinazgo
www.grupopadrinazgo.com

Enlaces de interés:
Alexis de Tocqueville, La Democracia en América, (versión en inglés) 
Charles-Louis de Secondat, barón de La Bréde y de Montesquieu. Del Espíritu de las Leyes. (versión en español)

Bibliografía:
Alexis de Tocqueville. La democracia en América. Trotta, 2010. ISBN 978-84-9879-122-8
Alexis de Tocqueville. La democracia en América, 2 tomos, trad. de Dolores Sánchez de Aleu. Alianza Editorial, ISBN 84-206-7345-5/ ISBN 84-206-7346-3
Charles-Louis de Secondat, barón de La Bréde y de Montesquieu. Del Espíritu de las Leyes. Alianza Editorial, ISBN 84-206-5565-1 
Kant, Immanuel La metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos
Kant, Immanuel Hacia la Paz Perpetua. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva

1 comentario:

capitanfla dijo...

Guau.

He recordado conceptos que tenía olvidados.

Saludos.

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