26 de febrero de 2012

Breves Cuentos del Buda II: La prueba del maestro.



-Soy pobre y débil, dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir.

-¿Cómo podemos hacer eso?-preguntaron los discípulos-.Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda.

-Hijos míos-contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo.

-Nosotros somos jóvenes-dijeron los discípulos-y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos.

-Sois jóvenes-dijo el maestro-y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo debéis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un transeúnte y coger su dinero, perono lo lastiméis.

-Vamos inmediatamente, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.

El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:
-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro-contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizable; éste es el motivo de mi silencio. 

-¿Por qué es irrealizable?-preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea-contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigarque permitir que mi Yo me vea robar.
A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras.
Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: "Mi yo me ve."
Y así se convirtieron en grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.

9 de febrero de 2012

Canción para los días de la vida.





Querido Flaco,

Con vos aprendí que con la dulzura se enseñan hasta las cosas más agrias y amargas de la vida. Me has dado la luz de un verdadero prometeico, esa antorcha que los hombres abrementes portan sin temor a quemarse. Jamás morirás, Flaco querido. Vos sos inmortal, cada día. Todos los días. Hasta siempre, hermano.




Canción para los días de la vida.
Del enorme Luis Alberto Spinetta.


Este día empieza a crecer
voy a ver si puedo correr
Con la mañana silbándome en la espalda
o mirarme en las burbujas.

Tengo que aprender a volar
entre tanta gente de pie.
Cuidan de mis alas unos gnomos de lata
que de noche nunca ríen.

Si la lluvia llega hasta aquí
voy a limitarme a vivir.
Mojaré mis alas como el árbol o el ángel
o quizás muera de pena.

Tengo mucho tiempo por hoy
los relojes harán que cante

Y la espuma gira en torno a mi piel
me han puesto manos para hablarle
a las cosas de mi.

Y al fin mi duende nació
tiene orejas blancas
como un soplo de pan y arroz

Y un hongo como nariz
cuatro pelos locos
y un violín que nunca calla
solo se desprende y es igual a las guirnaldas.

Este día es algo de sal
me dejó vibrando al nacer
pesa y es liviano como un hilo sin nombre
suena un poco a mi guitarra.

Tengo que aprender a ser luz
entre tanta gente detrás.
Me pondré las ramas de este sol que me espera
para usarme como al aire.

Y es que al fin mi duende se abrió
tiene un corazón de mantel y batón
y un guiño al ver que todo es verdad.

Ya los gnomos cuiden
a un violín que siempre canta
nunca se adormece y es igual a las guirnaldas.

Y es que nunca calla, solo se desprende
y es igual a las guirnaldas.


Un precioso regalo que alguien que amé mucho me dio hace ya mucho tiempo.

Quiero compartirlo con todos los abrementes que conozco cada día, que me cuentan sus historias de esfuerzo y apuestan a cambiar nuestra humanidad, tan castigada por tanto odio e injusticia. Es una caricia para el corazón dulce de cada hombre y mujer que siembran sus semillas para el mañana que tanto ansiamos.
No se sientan pequeños. Cada batalla ganada es un peldaño más en nuestra escalera hacia la luz del conocimiento colectivo.

Y esta canción también es para vos. Vos que lees estas líneas y no te das cuenta todavía de que sos parte del cambio. Nuestra victoria depende de los que se suman a esta lucha por crear conciencia. Sumate, crea tu propio efecto mariposa.
A volar abrementes. ¡A volar!

7 de febrero de 2012

“Ahora nuestras democracias tienen al enemigo dentro”

Por Szvetan Todorov*


"Un viaje a Argentina." y demás yerbas....:


"Una sociedad necesita conocer la Historia, no solo tener memoria. En el caso argentino, un terrorismo revolucionario precedió al terrorismo de Estado de los militares, y no se puede comprender el uno sin el otro."

La comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos.

En noviembre de 2010, fui por primera vez a Buenos Aires, donde permanecí una semana. Mis impresiones del país son forzosamente superficiales. Aun así, voy a arriesgarme a transcribirlas aquí, pues sé que, a veces, al contemplar un paisaje desde lejos, divisamos cosas que a los habitantes del lugar se les escapan: es el privilegio efímero del visitante extranjero.

He escrito en varias ocasiones sobre las cuestiones que suscita la memoria de acontecimientos públicos traumatizantes: II Guerra Mundial, regímenes totalitarios, campos de concentración... Esta es sin duda la razón por la que me invitaron a visitar varios lugares vinculados a la historia reciente de Argentina. Así pues, estuve en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada), un cuartel que, durante los años de la última dictadura militar (1976-1983), fue transformado en centro de detención y tortura. Alrededor de 5.000 personas pasaron por este lugar, el más importante en su género, pero no el único: el número total de víctimas no se conoce con precisión, pero se estima en unas 30.000. También fui al Parque de la Memoria, a orillas del Río de la Plata, donde se ha erigido una larga estela destinada a portar los nombres de todas las víctimas de la represión (unas 10.000, por ahora). La estela representa una enorme herida que nunca se cierra.

El término "terrorismo de Estado", empleado para designar el proceso que conmemoran estos lugares, es muy apropiado. Las personas detenidas eran maltratadas en ausencia de todo marco legal. Primero, las sometían a unas torturas destinadas a arrancarles informaciones que permitieran otros arrestos. A los detenidos, les colocaban un capuchón en la cabeza para impedirles ver y oír; o, por el contrario, los mantenían en una sala con una luz cegadora y una música ensordecedora. Luego, eran ejecutados sin juicio: a menudo narcotizados y arrojados al río desde un helicóptero; así es como se convertían en "desaparecidos". Un crimen específico de la dictadura argentina fue el robo de niños: las mujeres embarazadas detenidas eran custodiadas hasta que nacían sus hijos; luego, sufrían la misma suerte que el resto de los presos. En cuanto a los niños, eran entregados en adopción a las familias de los militares o a las de sus amigos. El drama de estos niños, hoy adultos, cuyos padres adoptivos son indirectamente responsables de la muerte de sus padres biológicos, es particularmente conmovedor.

En el Catálogo institucional del parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia". Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.

En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el periodo 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.

Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población.

Claro está que no se puede asimilar a las víctimas reales con las víctimas potenciales. Tampoco estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura. No solo las cifras son, una vez más, desproporcionadas, sino que además los crímenes de la dictadura son particularmente graves por el hecho de ser promovidos por el aparato del Estado, garante teórico de la legalidad. No solo destruyen las vidas de los individuos, sino las mismas bases de la vida común. Sin embargo, no deja de ser cierto que un terrorismo revolucionario precedió y convivió al principio con el terrorismo de Estado, y que no se puede comprender el uno sin el otro.

En su introducción, el Catálogo del parque de la Memoria define así la ambición de este lugar: "Solo de esta manera se puede realmente entender la tragedia de hombres y mujeres y el papel que cada uno tuvo en la historia". Pero no se puede comprender el destino de esas personas sin saber por qué ideal combatían ni de qué medios se servían. El visitante ignora todo lo relativo a su vida anterior a la detención: han sido reducidas al papel de víctimas meramente pasivas que nunca tuvieron voluntad propia ni llevaron a cabo ningún acto. Se nos ofrece la oportunidad de compararlas, no de comprenderlas. Sin embargo, su tragedia va más allá de la derrota y la muerte: luchaban en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos. En todo caso, en su mayoría, eran combatientes que sabían que asumían ciertos riesgos.

La manera de presentar el pasado en estos lugares seguramente ilustra la memoria de uno de los actores del drama, el grupo de los reprimidos; pero no se puede decir que defienda eficazmente la Verdad, ya que omite parcelas enteras de la Historia. En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias. En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto. La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos. Aspira a la objetividad y establece los hechos con precisión; para los juicios que formula, se basa en la intersubjetividad, en otras palabras, intenta tener en cuenta la pluralidad de puntos de vista que se expresan en el seno de una sociedad.

La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. Si no conseguimos acceder a la Historia, ¿cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al "¡Nunca más!"? Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos. Las causas nobles no disculpan los actos innobles.

En Argentina, varios libros debaten sobre estas cuestiones; varios encuentros han tenido lugar también entre hijos o padres de las víctimas de uno u otro terrorismo. Su impacto global sobre la sociedad es a menudo limitado, pues, por el momento, el debate está sometido a las estrategias de los partidos. Sería más conveniente que quedara en manos de la sociedad civil y que aquellos cuya palabra tiene algún prestigio, hombres y mujeres de la política, antiguos militantes de una u otra causa, sabios y escritores reconocidos, contribuyan al advenimiento de una visión más exacta y más compleja del pasado común. 

Ni fascismo ni totalitarismos. Según el pensador búlgaro, ganador del Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, las democracias hoy no tienen enemigos externos. “El poder político ya no decide nada serio”, agregó.

-Hoy las democracias ya no tienen enemigos exteriores: ni fascismo ni totalitarismos con enormes ejércitos. Ahora nuestras democracias tienen al enemigo en su interior.
-¿Quién es el enemigo?
-Sus mayores enemigos están entre sus hijos ilegítimos ganadores de una gran revolución en marcha: se trata de un cambio en el poder de dimensiones no inferiores a las revoluciones que acabaron con las monarquías absolutas para dar el poder a las nuevas soberanías populares.
-Explíquenos.
-Es un cambio inmenso hacia un nuevo orden que sustrae el poder a lo político para concentrarlo en las pocas manos que tienen el control de los mercados.
-¿Cómo?
-El poder político ya no decide nada serio. El poder real está en esas mismas manos que orientan la marcha de los mercados, porque la nueva economía globalizada escapa al control de los estados: de todos ellos.
-Para eso mismo se ha globalizado.
-En el nuevo orden, las mega corporaciones financieras y sus bancos de inversión han logrado modificar las reglas hasta aparecer como las creadoras de empleo y riqueza.
-Y si la economía de un país va mal, sus gobernantes pierden las elecciones.
-Y si un gobierno quiere regularlas, se van a otro país con inversiones y empleos.
-¿Por qué el electorado no reacciona?
-Porque esa revolución ha sido preconizada por una ideología fundamentalista ultraliberal que vincula la prosperidad a la libertad de mercados. Sostienen que no hay prosperidad sin total libertad –para ellos– de mercado. El Estado, por tanto, debe renunciar a toda regulación, es decir, a todo su poder.
-Sobre todo cuando ellos ganan.
-Es que ese fundamentalismo ultraliberal engaña, porque, en el fondo, no quiere la neutralidad real del Estado, sino que el Estado intervenga a su favor cuando lo necesiten.

* Tzvetan Todorov es semiólogo, filósofo , pensador e historiador de origen búlgaro y nacionalidad francesa. Ganador del Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Fuente: El País y Ñ.

4 de febrero de 2012

Preguntas que nadie responde.

A diferencia de los políticos y los religiosos, los periodistas pertenecemos a una parte de la humanidad que no tiene respuestas. Preguntar es, por eso, una manera de desobedecer: es cuestionar el discurso establecido, dudar de él, no repetir un credo ajeno, sino tratar de lograr un pensamiento propio.

Si el Gobierno aceptara el diálogo en lugar de comportarse como propietario de la verdad, me encantaría poder preguntarle alguna de las siguientes cosas:


–¿Por qué se impulsó la reelección indefinida en Santa Cruz y dicen que no van a hacerlo en la Nación?

–Si las declaraciones del entonces vicepresidente Julio Cobos le valieron el mote de “traidor”, ¿por qué no se considera traidor al vicegobernador Gabriel Mariotto cuando se enfrenta a Daniel Scioli? ¿O el traidor es Scioli (y, en ese caso, cómo explicar que un traidor fue el candidato más votado)?

–¿Cuál es la inflación real en la Argentina? ¿Los institutos oficiales de estadísticas de las provincias mienten?

–¿Las medidas de persecución frente a la compra minorista de dólares favorecieron al mercado negro?

–¿Por qué los grupos periodísticos de Szpolski y Vila-Manzano no son considerados grupos monopólicos?

–¿Cuál es el origen y evolución detallada de la fortuna presidencial y cómo logró multiplicarse de esa forma mientras Cristina fue funcionaria del Estado?

–¿Por qué Sergio Schoklender no está preso? Si se lo detuviera, ¿qué pasaría con Hebe de Bonafini?

–Si los prostíbulos no pertenecían al juez Eugenio Zaffaroni, ¿por qué canceló los contratos de alquiler después de la denuncia pública?

–Si los nietos de Ernestina Herrera de Noble no eran hijos de desaparecidos, ¿por qué la causa sigue abierta y nadie se desdijo de las acusaciones?

–¿Qué es de la vida de Antonini Wilson, Felisa Miceli y Ricardo Jaime?

–¿Ocupa el hijo del ex presidente Kirchner un lugar privilegiado en la mesa del poder? ¿Cuáles son sus antecedentes y su representatividad para hacerlo?

–¿Cuál es el verdadero origen de las peleas oficiales con los Eskenazi, de YPF, y con el banquero Jorge Brito? Si se los encontró realizando maniobras ilegales, ¿por qué no se dio participación a la Justicia? ¿El Gobierno estudia nacionalizar YPF?

–¿Existe algún informe detallado del gasto anual en el Fútbol para Todos? ¿Cuál es el organismo de control?

–Si el Gobierno impuso y mantuvo los subsidios, ¿por qué ahora los quita? ¿Por qué se volvió injusto algo que antes, en teoría, no lo era? ¿Quién controló que los montos de los subsidios fueran verdaderos? ¿Qué empresas vinculadas al Gobierno fueron favorecidas durante estos ocho años? ¿Cuál es el plan de negocios de Aerolíneas Argentinas? ¿Qué se hace para bajar su déficit?

–Si se lucha contra el narcotráfico, ¿por qué no se lleva adelante la instalación de radares?

–¿Quién controla la depredación de recursos pesqueros?

–¿Cuál ha sido, hasta ahora, la aplicación práctica de la Ley de Medios?

Sería interesante escuchar algunas de las respuestas.

Por Jorge Lanata, para perfil.com

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