25 de enero de 2015

Todos somos Nisman


Madrugada del lunes, suena mi celular, el que suelo tener encendido para casos de emergencia familiar. Era mi padre. En shock quizás, me dice: “mataron a Nisman”. Se suman latidos a la taquicardia que me implicó saltar de la cama y recorrer los metros que me separaban del teléfono. A partir de ese momento y hasta ahora sigo intentando bajar las vueltas en las que me encuentro, convulsionado, afectado.

Estoy furioso, siento una impotencia difícil de asimilar más que la que uno siente cuando lo inevitable llega sin razón aparente. No concibo, ni tolero, una irresponsabilidad estatal semejante en la que se encuentra sumida mi amada Argentina.

He intentado escuchar las argumentaciones (excusaciones) ideológicas de los responsables políticos de que el fiscal de la Unidad Especial AMIA, antes amenazado de muerte en Teherán, República Teocrática de Irán, el Dr. Natalio Alberto Nisman esté muerto. Primero concluyeron de que se trataba de un suicidio sin siquiera haber tenido las pericias terminadas. A las pocas horas, pretendieron implicar que “les tiraron un muerto”. En cualquier caso, Nisman ya no está y la custodia de su vida era de su exclusiva responsabilidad.

He hecho el inmenso esfuerzo de separar la complejidad de su humanidad aterrada ante lo incierto de este presente que escala en tensión y no arroja ninguna pista posible por lo que vendrá. Responsables absolutos y políticos son la Procuradora General de la Nación y Jefa de todos los fiscales, la Dra. Alejandra Gils Carbó, la Ministra de Seguridad a quien se le solicita aparición con vida (¿alguno sabe su nombre para preparar un Hábeas Corpus?), el Jefe de la Policía Federal y un muy largo etcétera que bien puede provocar tanto impotencia como hastío.

Los corresponsables políticos, escapándose de sus obligaciones, arremolinándose en un puñado de voluntades perdidas que se exponen a la foto de la infamia. Asumiendo palabras digitadas sin sentido como la muerte que pretende tapar el boom turístico (¿?), sin medida ni ubicación, o al punto de arrojárnoslas desde la informalidad que suponen las redes sociales puesto que desprecia ideológicamente a los medios de comunicación, interlocutores indispensables entre las audiencias y el campo político.

Nos demoraron la Verdad. No han podido acallarla ni sepultarla junto al cuerpo sin vida del fiscal. Esa Verdad inefable seguirá escabulléndose como lo hace el agua que busca su camino, horadando la piedra y cualquier otra sustancia del universo que asuma el riesgo de oponerse a su trayectoria.

Nos mataron al héroe temporal que asumió la muerte desde el mismo instante que apresuró su presencia para interponer la más escandalosa de las denuncias que haya recibido este gobierno cuya praxis es la Impunidad. Porque el kirchnerismo no es más que el refugio de ladrones, mediocres, ambiciosos del Poder y la Riqueza ilícita.

No me cabe la duda de que también es refugio de homicidas pero no tengo pruebas, como tampoco las tiene la abogada exitosa, arquitecta egipcia y responsable política número uno de la situación actual, además de ser la principal imputada. Son sólo suposiciones ante la avalancha de suicidios y accidentados que carga el Partido Justicialista en ejercicio del poder, prácticamente ininterrumpido desde 1989.

La prueba que desnuda la perversidad de su praxis, es que han puesto de moda el hacerse ricos siendo funcionarios, siendo “servidores públicos”. Una realidad del presente que desnuda la debilidad sistemática en la que se encuentran las instituciones democráticas de la “república” Argentina. Usar el Estado para enriquecerse sin siquiera devolver en capacidad e idoneidad la necesaria contraprestación que agote los problemas que la agenda institucional persiste en mostrar: Educación decadente, Salud pública deficiente, Justicia impotente, Seguridad ausente.

La década ganada, sólo para algunos, está dada por la posibilidad de arrimarse a la facción gobernante que les asegure crecimiento patrimonial, riqueza por detentar cargos con sueldos fastuosos e inmerecidos, que son posibles gracias a quienes aún confían en un sistema republicano de impuestos y aportes, a cambio de servicios públicos que tengan existencia, no subsistencia o simplemente, no puedan ser públicos sino limitados a quienes no puedan aspirar a cubrirlos privadamente.

La emergencia de la situación implica salir de la posición de observador indulgente o peor aún, paria inconsciente, para asumir la condición básica de ciudadanos comprometidos con la República. Una ciudadanía participativa y amenazante para la casta política que juega al juego de la silla y sigue burlándose de sus súbditos, a los que humilla en su lesa humanidad.

La Política es sagrada, lo político puede hacerla descender hasta el inframundo. Pero aun así, sigue siendo la única forma de resolver los problemas cotidianos de las sociedades que basan su supervivencia en el Estado de Derecho.

Hoy más que nunca, todos somos Nisman. El héroe que necesita la Patria sos vos. Pongámonos el disfraz de ciudadano y no temamos, que el temor levanta paredes y nos aísla.

La Unión hace la Fuerza.

El Poder es del Pueblo y para el Pueblo.


La única posibilidad para el cambio es creando conciencia.

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