En el medio de mis vacaciones me topé con una realidad que es visible en todos los lugares de la Argentina donde no haya legislación que la prohiba o al menos la acción de particulares denunciantes.
Me refiero a la existencia todavía de Circos Ambulantes que cuentan con la humillante participación esclavizada de animales de todo tipo. Tigres, leones, camellos, osos, chimpancés, cabras, bisontes, etc.
La mera existencia de jaulas y rejas, es decir, lo que es visible a los ojos de cualquier mortal, es motivo para que se inicie una denuncia citando la Ley Penal 14.346, también conocida como Ley Sarmiento; en su inciso 8 del artículo 3 nos encontramos con un importante antecedente en tanto que cataloga como un acto de crueldad la realización de actos públicos o privados de riñas de animales y parodias en que se mate, hiera u hostilice a los animales.
Sobre como viajan
Desplazados constantemente de un lado a otro, de un país a otro, los cambios de temperatura y clima son, en muchas ocasiones, dañinos para su salud. Muchas veces, además, se les priva del cobijo necesario para cubrirse del sol, la lluvia, el frío o el calor. El medio de transporte mayormente utilizado por los circos son los camiones jaula: estrechos carromatos que no son no más que simples jaulas de barrotes de hierro, de pocos o insuficientes metros cuadrados, incapaces de brindar un mínimo de confort en donde los animales están condenados a vivir hasta el fin sus días.
Sobre como son entrenados
El entrenamiento de los animales de circo se hace mediante el castigo psicológico (angustia) y el castigo físico contra el animal, el que es forzado y obligado a adoptar comportamientos anormales y artificiales.
Los entrenamientos son más violentos, cuanto más peligrosos sean los animales, pues hay que conseguir el absoluto dominio del animal. Los domadores están raramente calificados, tienen muy poca paciencia y les faltan conocimientos etológicos de los animales a su cargo. Cuando un grito o un gesto no son suficientes, los animales son golpeados con barras de hierro, látigos, pinchos y descargas eléctricas para manejar y hacer obedecer a los animales. Cuando el domador o entrenador no obtiene los resultados deseados, entonces al animal se lo priva de alimentos. De este modo, el animal asocia el "premio" de la comida a la respuesta que debe dar al entrenador. Por ejemplo, para conseguir que un animal levante las patas, el domador le pone una base electrificada, y cada vez que da la orden, envía una descarga eléctrica. Después de los primeros intentos, el animal relacionará el dolor con ciertas palabras o gestos y tendrá la misma reacción: levantar las patas, aunque no se dé la descarga eléctrica. Esta estrategia la utilizan los domadores también durante el espectáculo: a los animales se les da comida al final de cada ejercicio y delante del público, para que éste interprete, o piense, que así es como el animal ha sido entrenado. Pero la realidad, en la mayoría de los casos, resulta ser todo lo contrario: "la simple visión de un látigo recuerda al animal las palizas en el trasero, la cabeza y las patas durante el entrenamiento. Así se consigue el miedo incesante, la aprehensión y la humillación para obedecer.
Sobre las consecuencias de la explotación
Se han dado casos de accidentes producidos en los circos como consecuencia del maltrato y las malas condiciones en que viven los animales. Estresados por el tipo de vida que llevan, totalmente ajeno a su hábitat natural, en ocasiones los animales pierden el control con la presencia del público, el volumen de la música durante las actuaciones, el destello de los focos y la reclusión. A menudo se les diagnostican úlceras gástricas provocadas por estas situaciones anormales. La falta de higiene, la acumulación de sus residuos fecales y la orina que permanecen durante tiempo en sus jaulas hace aumentar el número de parásitos y bacterias que conviven en las distintas instalaciones circenses. Por ello, cuando los animales resultan heridos son muy difíciles de desinfectar y curar. Se sabe que quienes se dedican al mundo trashumante del circo, poseen, por lo general, pocos o escasos recursos económicos. Es corriente que la alimentación sana y equilibrada del animal, así como su bienestar tanto físico como psicológico dejen mucho que desear. Lo mismo ocurre con las necesarias atenciones veterinarias de acuerdo a las diferentes especies de las que se trate.
El "Poderoso Circo Australiano" tiene pésimos antecedentes de malos tratos a sus animales. Viene de ser corrido de Necochea, donde en Octubre fue sancionada la ordenanza que prohíbe al circo que explota animales, también de Córdoba, donde luego de una feroz golpiza que recibiera un chimpancé fuera de la carpa en plena función, motivara que medio auditorio se fuera enardecido, acelerando también su prohibición para esa ciudad. Actualmente, he comprobado personalmente, el estado de cautiverio del oso, quien no puede siquiera moverse dentro de la jaula que tiene apenas unos centímetros más que su volumen. La camella utilizada para sacarse fotos con los chicos, tiene serias dificultades para mover su largo cuello por una indisimulable lesión vertebral. Una impotente tristeza me embargó pero que no dejó que mi mente descansara un segundo para prolongar esta injusticia.
Personalmente, busco nacionalizar la prohibición, despertar la ley de circos que duerme ociosa en el Congreso Nacional. Busco darle un lugar para que todos estos animales, de éste y de todos los circos que todavía los explotan, puedan terminar sus días, en reservas o zoológicos, puesto que su vuelta a su verdadero hábitat es imposible, debido a su cautiverio y atrofias musculares, su imposibilidad para generar el estímulo de caza, pero que sin duda será un mejor lugar, un lugar de descanso y de atenciones pendientes.
Vean ahora como, el gancho comercial del circo, es humillado por las calles de todo el país.
La única posibilidad para el cambio es creando conciencia.











